Casi todo el mundo llega a las opciones call por el mismo sitio: alguien le cuenta que con 200 dólares puede controlar lo que comprando acciones le costaría 4.000. Y es verdad. Lo que casi nunca aparece en esa conversación es la otra mitad, la parte en la que el tiempo juega en tu contra y el contrato puede acabar valiendo exactamente cero.
Vamos con las dos mitades.
Qué estás comprando exactamente
Una call te da el derecho a comprar una acción a un precio fijado de antemano, hasta una fecha concreta. Derecho, no obligación. Si llegado el momento no te conviene, no la ejerces y no pasa nada más: pierdes lo que pagaste por el contrato y ahí acaba el asunto.
Ese precio fijado se llama precio de ejercicio, o strike. La fecha límite es el vencimiento. Y lo que pagas por tener ese derecho es la prima.
Hay dos familias de opciones sobre acciones. Las call, que dan derecho a comprar. Y las put, que dan derecho a vender. Este artículo va de las primeras.
Lo interesante no es la mecánica, que es simple, sino la proporción: el derecho cuesta una fracción de lo que cuesta la acción. Por eso las call funcionan como palanca. Y por eso, mal entendidas, son una forma eficiente de perder dinero rápido.
Un detalle que conviene fijar desde el principio, porque es la fuente de la mitad de las confusiones: los precios de las opciones se citan por acción, pero se compran por contrato, y un contrato son 100 acciones. Una call que "cotiza a 2 dólares" te cuesta 200. Esta convención, y la posibilidad de ejercer antes del vencimiento, son las del mercado estadounidense. En otros mercados las reglas cambian.
Las dos caras del contrato
En cada call hay alguien que la compra y alguien que la vende, y quieren cosas opuestas.
Quien compra cree que la acción va a subir. Paga la prima y a cambio se queda con un derecho cuyo valor crece si acierta. Su pérdida máxima está acotada a lo que pagó, lo cual suena tranquilizador hasta que descubres con qué facilidad se pierde el 100 % de una prima.
Quien vende cree lo contrario, o casi: le vale que la acción baje, y también que se quede quieta. Cobra la prima por adelantado y asume la obligación de vender la acción al strike si la otra parte ejerce.
Marta cree que XYZ, que cotiza a 130 dólares, va a caer. Diego cree que va a subir. Marta le vende a Diego una call de strike 130 por 2 dólares por acción, 200 por el contrato. Si XYZ sube, Diego gana, porque puede seguir comprando a 130 algo que ya vale más. Si XYZ baja, la call vence sin valor y Marta se queda los 200.
No hay magia. Es una transferencia de riesgo con precio.
Un ejemplo completo, con las dos partes a la vez
Mismo contrato visto desde los dos lados. XYZ cotiza a 40 dólares y la call de strike 40 vale 2, o sea 200 por contrato.
Marta compró 100 acciones a 30 hace una semana. Ha subido fuerte y espera un retroceso, así que vende una call de strike 40 y cobra 200. Esos 200 le cubren una caída de hasta 2 dólares por acción y le mejoran el resultado si XYZ se queda clavada en 40.
Diego cree que XYZ sigue para arriba y no quiere poner 4.000 dólares. Compra esa misma call por 200 y con eso controla 100 acciones: el 5 % del desembolso.
Si XYZ termina en 70. A Marta le asignan las acciones a 40: se lleva 40 − 30 + 2 = 12 dólares por acción. Buen resultado, aunque se ha dejado la subida de 40 a 70 por el camino. La call de Diego vale ahora 30 por acción; descontando los 2 que pagó, gana 28 por acción, 2.800 por contrato. Sobre una prima de 200, es un 1.400 %.
Si XYZ termina en 38. Marta pierde 2 por acción en las acciones y cobró 2 por la call: empata. La call de Diego vence sin valor, porque nadie compra a 40 lo que el mercado da a 38. Diego pierde los 200 enteros.
Fíjate en la asimetría, que es el corazón del asunto: en el escenario bueno Diego multiplica; en el malo se queda a cero. Marta nunca gana mucho y casi nunca pierde mucho.
El apalancamiento, en sus dos versiones
XYZ está a 50, la call de strike 50 vale 2, y tienes 5.000 dólares.
Versión agresiva. Compras 25 contratos con todo el capital y controlas 2.500 acciones. Si XYZ va a 70, cada contrato vale 2.000 y el conjunto 50.000; descontando la prima, ganas unos 45.000. Con acciones habrías ganado 2.000. Veintidós veces más con el mismo dinero.
Ahora la letra pequeña: si XYZ se queda en 50, con acciones sigues teniendo 5.000 dólares. Con las 25 calls tienes cero. Ese es el precio del apalancamiento y no hay forma de esquivarlo.
Versión sensata. Compras un solo contrato por 200 y dejas los 4.800 tranquilos. Si XYZ va a 70, ganas 1.800 netos, casi lo mismo que con 100 acciones, arriesgando el 4 % del capital. Menos espectacular y bastante más defendible.
La diferencia entre las dos no está en el instrumento. Está en cuánto capital decides poner en riesgo.
Lo que ganas y lo que aceptas
A favor: más beneficio potencial con el mismo capital, la opción de replicar una posición en acciones arriesgando una fracción, y una herramienta de cobertura muy flexible.
En contra: pueden vencer sin valer nada, y ocurre a menudo. No cobras dividendos por tener calls sobre una acción que los paga. Y el tiempo te resta cada día.
Una call es un derecho de compra a precio fijo por bastante menos dinero que la acción. Ahí está el atractivo, y es real. Pero el resultado depende de cuatro cosas a la vez —la prima, el strike, el vencimiento y la velocidad del movimiento— y basta con que falle una para que la operación no salga.
Por dónde seguir
Cada una de estas piezas tiene su propio artículo, porque ninguna se entiende de pasada:
- De qué está hecho el precio de una opción: valor intrínseco, extrínseco y por qué el strike que elijas lo cambia todo.
- El tiempo corre en tu contra: time decay y theta: la razón por la que puedes acertar y perder.
- Cómo leer una cadena de opciones: bid, ask, volumen e interés abierto, y cuál de esos números importa de verdad.
- Estrategias con opciones call: qué son un bull call spread, un calendar y una naked call, y cuándo tienen sentido.
- La covered call: cobrar prima por acciones que ya tienes en cartera.
- Las griegas: delta, gamma, vega y theta: qué mide cada una y a quién favorece.
- Qué es una opción put: la otra mitad del mercado de opciones.
Y la buena noticia: todo esto se puede comprobar sin poner dinero. El mercado de los últimos años ya ocurrió, con sus cadenas de opciones y sus primas reales. Elige una fecha, monta la posición con los precios que había de verdad ese día y avanza sesión a sesión. En una tarde ves más que en tres capítulos.
