¿Cómo compras una acción?

Que caiga, que rebote, que rompa máximos, que esperes a resultados. Todos los consejos sobre cuándo comprar una acción contestan a la pregunta equivocada. Hay otra que sí puedes contestar, y vender una put es la forma de cobrar mientras esperas.

Antonio Vivas, miembro de AK Research & Development, junto a la frase «How do you buy a stock?» sobre fondo oscuro.

Pregúntale a cinco personas que entienden de esto cuándo hay que comprar una acción. Te vas a llevar cinco respuestas, todas razonables, y ninguna compatible con las demás.

La primera te dirá que compres cuando cae, que para eso están las rebajas. La segunda te dirá exactamente lo contrario: que nadie coge un cuchillo en el aire, que esperes a que rebote y confirme. La tercera te hablará de esperar a que rompa máximos, porque la fuerza atrae fuerza. La cuarta te dirá que no intentes acertar nada, que compres el mismo importe todos los meses y te olvides. Y la quinta, que aguantes hasta los resultados del trimestre, que ahí se verá.

Lo curioso no es que se contradigan entre ellas. Es que las cinco están contestando a la misma pregunta: cuándo.

Y esa pregunta no tiene respuesta. No porque sea difícil, sino porque para contestarla haría falta saber qué va a hacer el precio, y eso no lo sabe nadie. Lo llamativo es la seguridad con la que se responde algo que, por definición, no se puede responder.

La pregunta que sí puedes contestar

Hay otra pregunta, bastante menos vistosa, que sí está a tu alcance: a qué precio te interesa esa compañía.

Esa no depende del mercado. Depende de tus números. De lo que creas que vale el negocio, de lo que estés dispuesto a pagar por él y de a partir de qué punto te parece caro. Puedes equivocarte, por supuesto. Pero es un trabajo que se puede hacer, sentado, con datos y sin prisa. Lo otro es adivinación con vocabulario técnico.

Y cuando tienes ese número, el problema cambia de naturaleza. Deja de ser «¿cuándo entro?» y pasa a ser algo mucho más aburrido y mucho más resoluble: cómo consigo las acciones a ese precio.

Esperar sentado o esperar cobrando

La respuesta de manual es la orden limitada. La acción está a 195, tú la quieres a 180, dejas la orden puesta y esperas. Si llega, compras. Si no llega, no compras.

Funciona. Pero fíjate en qué estás haciendo durante la espera: nada. El dinero está parado, la orden está parada y tú estás parado. Si la acción tarda ocho meses en visitar los 180, has pasado ocho meses inmóvil a cambio de nada.

Vender una put es exactamente la misma decisión —me comprometo a comprar a 180— con una diferencia: te pagan por comprometerte. Cobras una prima hoy, por adelantado, a cambio de una obligación que ya habías asumido de todas formas cuando dejaste la orden puesta.

A partir de ahí solo hay dos finales:

La acción baja de 180. Te asignan. Compras al precio que tú mismo habías elegido, que es justo lo que querías desde el principio. Y la prima que cobraste rebaja tu coste real de entrada.

La acción no baja de 180. La opción vence sin valor, no compras nada y la prima se queda contigo. Ese dinero es tuyo sin condiciones, y puedes volver a empezar.

Ninguno de los dos es un mal desenlace, siempre que el precio que elegiste fuera de verdad el precio al que querías comprar. Ahí está toda la clave, y es exactamente donde la gente se tuerce.

Esta operación tiene nombre propio: se llama cash secured put, y es la forma ordenada de hacer justo lo que acabo de describir. La mecánica completa —cuánto efectivo hay que dejar apartado, cómo quedan los números y qué ocurre en el escenario que nadie enseña— está contada paso a paso en Cash secured put: cobrar por esperar el precio que querías.

Si lo que estás leyendo aquí te encaja, ese es el siguiente que tienes que leer. En este me interesa más el porqué que el cómo.

Dónde se tuerce

Elegir el strike mirando la prima. Es el error más frecuente y el más caro. La prima es mayor cuanto más cerca está el strike del precio al que cotiza la acción, así que la tentación siempre empuja en la misma dirección: hacia arriba. Ves que el strike 180 paga poco, subes a 190 y de golpe cobras bastante más.

Pero a 190 no tenías la menor intención de comprar esa compañía. 190 era justo el precio que te parecía caro. Acabas de cobrar por comprometerte a algo que habías descartado tú mismo, y encima con muchas más papeletas de que te lo asignen, porque cuanto más cerca está el strike del precio actual, más probable es acabar dentro. El strike sale del análisis, no de la tabla de primas.

Tratar la prima como un ingreso libre. No es un alquiler que cobras por tener dinero en la cuenta. Es el pago por una obligación real, y esa obligación se puede ejecutar. Cuando aparece la palabra «ingreso» al lado de «vender puts», conviene desconfiar un poco.

No tener el dinero. Si la acción cae y te asignan, hay que pagar. Vender puts sin el efectivo detrás es apalancarse sin decirlo en voz alta, y funciona perfectamente hasta el día que deja de funcionar.

Y hay dos costes que conviene mirar de frente antes de empezar.

El primero: si la acción se va a 250 sin acercarse a tu precio, tú te quedas con la prima viendo cómo se marcha. No has perdido dinero, has perdido la subida. Es un coste real y hay que estar dispuesto a pagarlo.

El segundo, y más serio: te obligas de verdad. Una orden limitada se cancela con un clic. Un contrato vendido, no. Si la compañía publica algo malo y se desploma a 140, te asignan a 180 igual, y te encuentras dentro de una compañía que a lo mejor ya no es la que analizaste. Cobras la prima precisamente por eso. No es dinero gratis: es dinero a cambio de algo concreto.

Lo que se va acumulando

Esta es la parte que casi nunca se cuenta, supongo que porque no da para titular.

Hacer esto una vez es una anécdota. Convertirlo en método es otra cosa: eliges un puñado de compañías que quieres tener, calculas el precio al que las quieres, y vendes puts a ese precio de forma sistemática. Cada prima cobrada es crédito acumulado. Las veces que no te asignan, ese crédito se queda en la cuenta. Las veces que sí, baja el precio efectivo al que has entrado.

No es espectacular. Ninguna de esas primas te va a cambiar el mes. Pero suman en una dirección constante, y sobre todo hacen que la espera deje de ser tiempo muerto.

Eso sí: antes de convertir nada en método, míralo funcionar. Con qué frecuencia te habrían asignado, en qué momentos, qué pasó las veces que la caída siguió bajando después de la asignación. Sobre datos históricos reales, no sobre un ejemplo con números redondos. Es justo para lo que existe Tickerback, y es la diferencia entre tener un método y tener una intuición bien redactada.

Volviendo al principio

Las cinco respuestas del principio no eran malas por contradecirse. Eran malas porque todas contestaban a «cuándo».

Cambia la pregunta por «a qué precio me interesa» y pasan dos cosas a la vez. Una, que la pregunta ya se puede contestar. Y dos, que mientras esperas la respuesta, hay algo que hacer.

El siguiente paso es Cash secured put: cobrar por esperar el precio que querías: esta misma idea, pero con los números delante y con el tercer escenario, el incómodo, explicado sin rodeos. Si vienes de cero, empieza antes por qué es una opción put.

Practica sin arriesgar

Sigue practicando en Tickerback

Usa datos históricos para comprobar cómo habría evolucionado una estrategia antes de arriesgar capital real.

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