Aprender a operar tiene un problema de origen, y es bastante incómodo de decir en voz alta: la única forma seria de aprender es operando, y mientras aprendes, pierdes dinero. No es una posibilidad, es el precio de entrada. Todo el mundo lo paga.
Se puede leer mucho antes de empezar, y conviene. Pero llega un punto en el que la teoría se agota. Sabes qué es una call, entiendes qué mide theta, has visto veinte gráficos de resultado al vencimiento, y sigues sin tener ni idea de cómo se siente una posición cuando lleva tres sesiones en contra y quedan nueve días para vencer. Eso no está en ningún libro. Solo aparece cuando estás dentro.
Lo que nos frustraba
Nos frustraba no poder practicar de verdad. Operar, no leer sobre operar.
La alternativa habitual es el papel en tiempo real: abres una cuenta de prueba y vas anotando operaciones según el mercado va pasando. Funciona, pero es lentísimo. Si quieres ver cómo se comporta una estrategia ante distintos escenarios de volatilidad, necesitas que esos escenarios ocurran, y ocurren cuando les da la gana. Puedes esperar semanas a que aparezca la situación que querías estudiar.
Y mientras tanto no aprendes nada, solo esperas.
Lo raro es que los datos ya existen. El mercado de los últimos años ya ocurrió, con sus cadenas de opciones, sus primas y sus sustos. Está todo ahí. La pregunta que nos hacíamos era por qué no se podía entrar en ese mercado y operarlo como si fuera hoy.
Lo que encontramos, y por qué no nos servía
Herramientas de backtesting hay. Las probamos.
El problema es que casi todas están construidas para una cosa distinta de la que nosotros queríamos. Sirven para validar una regla automática: defines unos parámetros, le das a ejecutar, y te devuelve una curva de resultados y una tabla de estadísticas. Eso está bien si lo que buscas es probar un sistema.
No está tan bien si lo que quieres es aprender. Porque en ese modelo tú nunca operas. No abres una posición, no la ves moverse, no decides si aguantas o cierras. Miras el resumen de lo que habría pasado si hubieras hecho algo que en realidad no hiciste.
A eso se le sumaba lo demás: eran incompletas, sobre todo en opciones, donde a menudo faltaba la cadena real o las primas eran estimadas en lugar de las que hubo. Eran poco amigables, con interfaces que no se parecían a nada de lo que ibas a usar después. Y ninguna generaba un entorno en el que uno pudiera sentarse a practicar sin más, que era exactamente lo que buscábamos.
Qué hicimos
Tickerback es la herramienta que nos habría gustado tener.
Eliges una fecha del pasado y entras. Ves la cadena de opciones que existía ese día, con los strikes que había y las primas a las que se negociaban de verdad. Montas la posición, avanzas sesión a sesión, y vas viendo qué pasa. Si te equivocas, te equivocas con datos reales y sin dinero de por medio.
Dos decisiones que tomamos pronto y que explican bastante del producto:
La primera, datos reales, no simulados. Primas reales, acciones reales, cadenas reales. Un entorno con números redondeados enseña una versión limpia del mercado que no existe, y la parte cara del aprendizaje está precisamente en lo sucio: en los spreads anchos, en los strikes sin liquidez, en la volatilidad que se desploma justo después de un evento.
La segunda, que se pareciera a un bróker. Amigable, pero un bróker. No un panel de estadísticas. Si practicas en una interfaz que no tiene nada que ver con la que vas a usar de verdad, has aprendido dos cosas a la vez y solo una te sirve. Queríamos que el salto de aquí a una cuenta real fuera lo más corto posible.
Y el otro lado
Practicar sin entender no lleva muy lejos. Se aprende a repetir movimientos, no a decidir.
Por eso Tickerback funciona junto a Campus AK, nuestra plataforma de formación. Allí está la parte de entender: los conceptos, el porqué de las cosas, el orden en el que conviene aprenderlas. Aquí está la parte de hacer.
Y para que esa parte no sea un salto al vacío, dentro de la propia herramienta hay un recorrido de lecciones guiadas que no se completan leyendo, sino operando.
La combinación es la que nos parece que faltaba. Estudias algo, sales, lo montas sobre un mercado que ya ocurrió, y compruebas si lo habías entendido. Casi siempre resulta que a medias, y eso es exactamente lo que uno quiere descubrir antes de poner dinero, no después.
Ese es el resumen. Queríamos un sitio donde equivocarse saliera barato, y como no lo encontramos, lo construimos.
